En la barbería de Abel
el cabello cortado sin cesar cae,
en sus dedos un tic
rítmico parsimonioso, clic, clic, clic...
Humilde Paquistaní
que con la tijera desmenuza veloz
barbas y cabellos
de nietos y abuelos.
Nunca habla de política,
niños o familia,
el nombre jamás consulta,
sólo interpreta las señas
de lo que deseas
porque aún no sabe
de Cervantes su lengua.
Tampoco te mira a los ojos,
pero complace los antojos
como ninguno a todos.
En la barbería de Abel
el cabello cortado sin cesar cae,
al ritmo de su parsimonioso clic, clic, clic...
Don Antonio con sus canas sentado es
medita su existencia,
con un cáncer que le mata
y sin saberlo se asoman
dos lágrimas al presagiar,
que la soledad es su única compañera
a su lado él siempre fue virtuoso,
pero, mañana morirá
y toda su vida ha sido
un perro y su gato ramplón.
En largo suspiro pensó:
- No temo morir, sino a seguir vivo esperando a vivir...
Y en ese instante comprendió
que todo lo hizo según su experiencia,
que la felicidad siempre omitió
por esperar
lo que nunca vendrá,
por guardar más
en tiempos que nunca fueron peores
y tan lejos de la verdad.
Porque qué pena es
cuando en tu vida los recuerdos
son al banco tus ingresos...
En la barbería de Abel
el cabello cortado sin cesar cae,
en sus dedos un tic
rítmico parsimonioso en un clic, clic, clic...
Por Don Antonio
esperando está Irina,
mujer de 36,
nativa de Rusia,
sola y sin preñar,
sus mascotas son sus hijos,
y por la riqueza
está su vida...
Qué suerte tuvo en la red,
gracias a internet,
a Facebook, que virtualizó
su reclusión
con la maravillosa seguridad
de eliminar en una opción...
Finalmente tendrá la satisfacción
de no ser infortunada,
sólo basta aguantar
para que el agonizante,
en lujosas nupcias
por fin, la enlacé...
Y es que hay vidorrias
que son como nacen,
quejándose, lloriqueando
y tirando mierda por doquier...
Porque su habitual existencia
ha concurrido aburrida
y sin mayor placer que arruinar
de otros su coexistencia.
En la barbería de Abel
el cabello cortado sin cesar cae,
en sus dedos un tic
rítmico parsimonioso, clic, clic, clic...
Humilde Paquistaní,
rudo y sin gracia
que huyó de la guerra,
de la familia y su amada aldea.
Añorando volver a la patria
está su confianza,
con dinero tendrá la libertad
que los gringos y sus balas
no le quitaron por el Corán sus plegarias...
Él ahora sabe el secreto de la democracia,
es una simple ecuación,
que aprendió en Alemania,
para que un rico exista
tienen que haber muchos precisados,
para tener más ricos,
tiene que haber una democracia bancaria que jode
a millones de empeñados pobres
que codician imitar a un rico...
Cuánto echa de menos a su Amina,
su mujer desde los doce años,
la misma a quien él le cortó la mano
porque sin burka de otros mirar se hizo.
Tal vez no fue así,
pero su madre quien siempre la criticó,
su error le indicó
y con celo por su dios
sin cavilar
la mutiló.
Y si..., hoy lo reconoce,
que tal vez no fue así,
ya lejos de ella,
sí..., tal vez nunca fue así,
pero su orgullo maltratado,
por el profeta,
razón quería...
Total, nunca seremos buenos,
ni malos,
sino para alguien
un recuerdo escueto.
En la barbería de Abel
el cabello cortado sin cesar cae,
en sus dedos un tic
que se paralizó en seco...
Don Antonio yacé como muerto
y la Irina desconsolada
llora su frustrado casamiento,
Abel tijera en mano no deja el tic
y el clic desordenado sigue cortando
en el aire los pelos al tiempo.
Clic, clic, suena sin cesar, clic, clic...
Las esperanzas de los muertos.
אמיליו דה מונז
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