domingo, 11 de septiembre de 2011

La barbería de Abel...

En la barbería de Abel

el cabello cortado sin cesar cae,

en sus dedos un tic

rítmico parsimonioso, clic, clic, clic...

Humilde Paquistaní

que con la tijera desmenuza veloz

barbas y cabellos

de nietos y abuelos.

Nunca habla de política,

niños o familia,

el nombre jamás consulta,

sólo interpreta las señas

de lo que deseas

porque aún no sabe

de Cervantes su lengua.

Tampoco te mira a los ojos,

pero complace los antojos

como ninguno a todos.

En la barbería de Abel

el cabello cortado sin cesar cae,

al ritmo de su parsimonioso clic, clic, clic...

Don Antonio con sus canas sentado es

medita su existencia,

con un cáncer que le mata

y sin saberlo se asoman

dos lágrimas al presagiar,

que la soledad es su única compañera

a su lado él siempre fue virtuoso,

pero, mañana morirá

y toda su vida ha sido

un perro y su gato ramplón.

En largo suspiro pensó:

- No temo morir, sino a seguir vivo esperando a vivir...

Y en ese instante comprendió

que todo lo hizo según su experiencia,

que la felicidad siempre omitió

por esperar

lo que nunca vendrá,

por guardar más

en tiempos que nunca fueron peores

y tan lejos de la verdad.

Porque qué pena es

cuando en tu vida los recuerdos

son al banco tus ingresos...

En la barbería de Abel

el cabello cortado sin cesar cae,

en sus dedos un tic

rítmico parsimonioso en un clic, clic, clic...

Por Don Antonio

esperando está Irina,

mujer de 36,

nativa de Rusia,

sola y sin preñar,

sus mascotas son sus hijos,

y por la riqueza

está su vida...

Qué suerte tuvo en la red,

gracias a internet,

a Facebook, que virtualizó

su reclusión

con la maravillosa seguridad

de eliminar en una opción...

Finalmente tendrá la satisfacción

de no ser infortunada,

sólo basta aguantar

para que el agonizante,

en lujosas nupcias

por fin, la enlacé...

Y es que hay vidorrias

que son como nacen,

quejándose, lloriqueando

y tirando mierda por doquier...

Porque su habitual existencia

ha concurrido aburrida

y sin mayor placer que arruinar

de otros su coexistencia.

En la barbería de Abel

el cabello cortado sin cesar cae,

en sus dedos un tic

rítmico parsimonioso, clic, clic, clic...

Humilde Paquistaní,

rudo y sin gracia

que huyó de la guerra,

de la familia y su amada aldea.

Añorando volver a la patria

está su confianza,

con dinero tendrá la libertad

que los gringos y sus balas

no le quitaron por el Corán sus plegarias...

Él ahora sabe el secreto de la democracia,

es una simple ecuación,

que aprendió en Alemania,

para que un rico exista

tienen que haber muchos precisados,

para tener más ricos,

tiene que haber una democracia bancaria que jode

a millones de empeñados pobres

que codician imitar a un rico...

Cuánto echa de menos a su Amina,

su mujer desde los doce años,

la misma a quien él le cortó la mano

porque sin burka de otros mirar se hizo.

Tal vez no fue así,

pero su madre quien siempre la criticó,

su error le indicó

y con celo por su dios

sin cavilar

la mutiló.

Y si..., hoy lo reconoce,

que tal vez no fue así,

ya lejos de ella,

sí..., tal vez nunca fue así,

pero su orgullo maltratado,

por el profeta,

razón quería...

Total, nunca seremos buenos,

ni malos,

sino para alguien

un recuerdo escueto.

En la barbería de Abel

el cabello cortado sin cesar cae,

en sus dedos un tic

que se paralizó en seco...

Don Antonio yacé como muerto

y la Irina desconsolada

llora su frustrado casamiento,

Abel tijera en mano no deja el tic

y el clic desordenado sigue cortando

en el aire los pelos al tiempo.

Clic, clic, suena sin cesar, clic, clic...

Las esperanzas de los muertos.
 
אמיליו דה מונז
 
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