Aquella vez la sentí,
me hizo temblar hasta los huesos,
su abrazo suave se fue haciendo fuerte
y poco a poco mis venas
quemaban desde adentro…
Aquella vez se dibujó apacible,
aunque su cara no recuerdo,
porque en espasmos desesperaba
despertar de su narcótico sueño.
Aquella vez en su presencia estaba,
sin tocarla, sin besarla,
sin que sus susurros me endulzaran,
sólo su particular y sutil perfume
de velas, lirios y madera…
Aquella vez; aquél infarto,
me dejó su huella de miedo
en conocer para siempre
a la dama que todos tememos...
Y desde aquella vez,
sin dormir velo
para que esta vez no me sorprenda
sin ver en su rostro
el veneno de sus ojos
y en un suspiro yo muera
no recordándola nunca más,
porque ella, en un soplo consigo me lleva…
אמיליו דה מונז
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